Escuela Española de Terapia Reichiana 

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APROXIMACIÓN A LA VEGETOTERAPIA PRE-NATAL 

FEDERICO NAVARRO 

Conferencia dada en la "Maternité des Lilas", en París 

Artículo aparecido en la revista italiana de la S.E.Or. "Energía, Carattere & Societa". Nº 2-3 de 1980. Traducido por Maite S. Pinuaga 

Publicado en la Revista "Energía, Carácter y Sociedad". Vol. 1 (1) Nº 1 - Mayo 1983 

 

 

Creo que esta exposición es necesaria para colmar una laguna, en el sentido de que desde hace tiempo ya, que se ha comenzado a trabajar para la mujer embarazada con la vegetoterapia, pero con un criterio directivo, o sea sin dar las explicaciones necesarias antes de empezar el trabajo.

El tema que voy a tratar debe servir sobre todo para evitar caer en el empirismo. Yo soy un pragmático, no soporto el empirismo, menos aún cuando se trata de trabajar sobre los seres vivos.

En el plano histórico se debe al doctor Alberto Torre la propuesta de la vegetoterapia para la preparación de la mujer embarazada al nacimiento sin violencia.

Sensibilizado a los problemas del parto, pronto se dio cuenta de que el parto no es un acontecimiento mecánico, sino un estado emocional muy importante para la mujer, para la recién nacido y para el padre (y yo añado igualmente para la sociedad); el recién nacido no es propiedad de la célula familiar, es un ciudadano que nace; forma parte de la sociedad, es parte de ésta y si aspiramos a una sociedad alternativa en la cual cada individuo pueda ser reconocido como ser humano, es pues muy importante tener un buen inicio en la vida.

Se sabe que la vida emotiva existe ya antes del nacimiento, durante los nueve meses de gestación. (Sobre esto leer el bellísimo libro de Laing: "Los hechos de la vida'', es una cosa turbadora y exacta en muchos puntos).

Leboyer propuso el parto sin violencia con el cual estamos perfectamente de acuerdo, tanto que con este método se privilegia al recién nacido en el momento de nacer e incluso un poco tiempo después, que no es independiente y vive una situación simbiótica con la madre. Es pues de primaria importancia preocuparse de esta relación.

La vegetoterapia para la mujer embarazada no es sólo benéfica para la mujer, se ocupa igualmente de esta relación simbiótica entre la madre y el niño.

En mi opinión, la preparación al parto con la vegetoterapia y el parto del tipo "Leboyer" son algo importante pero no esencial en sí mismo, pues existe un período muy importante para tomar en consideración, quiero recordar los dos o tres años que siguen al nacimiento y que nosotros llamamos período "maternal". La escuela misma habla de ¡Profesión de padres!

Es necesario aprender este oficio, profesión de padres. Si hoy nos encontramos en este tipo de sociedad es porque no se tomó en consideración este período maternal. En esta sociedad no podemos más que sobrevivir, no existe el placer de vivir.

Nos auguramos para el futuro una sociedad alternativa, pero ésta no puede ser una sociedad de terapeutizados. Es pues en la prevención donde nuestro esfuerzo se debe dirigir.

Una terapia para adultos da, sin ninguna duda, buenos resultados pero es aún más importante trabajar para que en el futuro la sociedad no necesite terapeutas.

Espero que la sociedad futura se base sobre una relación interpersonal verdaderamente humana y entonces, muy verosímilmente, toda la estructura psicopatológica desaparecerá.

Esta relación, ésta situación de contacto, de comunicación, no se puede dar si no nos encontramos en una situación de buen contenido con nosotros mismos.

El sujeto que es capaz de tener el contacto con “El yo” está en condiciones de tener un buen contacto con el “No yo”, o sea, con el otro, siempre que haya vivido bien este momento durante el primer período de la edad maternal (pre-escolar).

Por razones socio-culturales que existen a millares, se ha dicho siempre que el parto debía realizarse con el dolor de la mujer, como el trabajo debía ser fatigoso para el hombre.

Con este tipo de consideraciones, es muy difícil entrever el placer de vivir.

Si el parto debe ser doloroso, es lógico que las mujeres estén difidentes y en ciertos aspectos prevenidas, aceptándolo a menudo con temores y neuras.

Este miedo se ha prolongado de generación en generación y entonces el único medio para desprenderse del temor del dolor, es la represión de las sensaciones.

Este mecanismo comporta, como decía Reich una situación de acorazamiento del sujeto, que se traduce en una tensión crónica de los músculos. Con este propósito, muy a menudo se ha dicho y escrito que la percentual de la mujer frígida es enorme, y esto es normal puesto que desde su infancia, las mujeres oyen decir que si cometen un “error”, tiene el riesgo de quedar embarazada y esto la conducirá inevitablemente a un parto que no podrá ser sino doloroso. En estas condiciones, la sexualidad genital no puede ser serena. Muy a menudo, muchas mujeres dicen vivir su sexualidad genital como una cosa disociada de su cuerpo, muy frecuentemente, dicen que durante la relación amorosa (relación sexual) en el momento en que deberían abandonarse al placer, en el sentido más natural del término, se ponen involuntariamente a pensar en otra cosa y estar del todo ausentes.

Es así como encontramos, en el momento del embarazo, a las mujeres invadidas por el miedo. Es J también bastante frecuente oír decir que el embarazo quita belleza a la mujer.

Así pues se nos lleva a considerar más importante las situaciones estéticas que las éticas. Se trata de mostrar siempre la figura, de aparentar. Un autor italiano Chiamarini, ha escrito una comedia que se llama “La maschera e il volto”, es un texto muy bueno: Se trata siempre mostrarse bajo una cierta forma cuando se está muy diferente.

Volviendo a las mujeres, es cierto que el miedo de convertirse en menos deseables juega un gran papel. En la sexualidad a estos factores se añaden las sugestiones dé ciertos médicos, les desaconsejan, prohíben incluso, las relaciones sexuales durante el embarazo. Nosotros sabemos que la vida sexual es muy importante para los seres humanos. Cada uno de nosotros, debido a la vida que llevamos, se encuentra con tensiones, con una carga energética más intensa de la simple necesidad biológica, pero es en la genitalidad donde podemos descargar esta energía en exceso.

Si no podemos descargar ésta energía demasiado acumulada, ésta permanece en condiciones estáticas y puede a la larga provocar un cáncer, un infarto o una situación vascular, o sea lo que nosotros llamamos una situación biopática. El carácter genital no tiene bloqueos pero, todos nosotros tenemos bloqueos de la circulación energética.

Durante el embarazo los bloqueos que ya tiene la mujer se refuerzan a causa de este miedo suplementario.

Nosotros sabemos que los bloqueos se encuentran a nivel de los músculos y no debemos olvidar que la función del útero es una función muscular.

Es por tanto muy importante relajar al máximo el útero a fin de llevar a la mujer a un parto menos fatigoso; puedo añadir también que si se hace un buen trabajo, el parto, siendo una descarga energética muy importante —puesto que toda la energía de la mujer se encuentra dirigida hacia abajo, hacia la pelvis— puede ser vivido como una situación de orgasmo, quiero decir con placer. Esto desmiente la maldición de la Biblia “Tú parirás con dolor”.

A parte de la situación de disociación en la que se encuentran las mujeres a menudo en las selecciones sexuales genitales, ésta disociación significa no estar en contacto consigo misma.

La palabra “contacto” es muy importante, deriva del latín “CUM TACTUM” que significa “Con tacto”, es algo que pone en juego la sensitividad, el tacto es distribuido a través de nuestras mucosas a nuestra piel, nuestra piel es nuestro cerebro exterior.

La percepción es algo que expresa la consciencia. Un individuo cuando pierde la percepción, pierde la consciencia. Reich ha dividido el cuerpo en siete niveles que son, el primero:

los ojos, las orejas, la nariz; el segundo: la boca; el tercero: el cuello; el cuarto: el tórax; el quinto: el diafragma; el sexto: el abdomen, y el séptimo: la pelvis.

El conjunto de estos niveles funciona cuando la energía puede circular libremente de arriba a abajo y viceversa, y esto permite a la genitalidad realizarse o expresarse mejor.

2. La palabra “expresión” es el contrario de represión, y nosotros hemos recibido, todos más o menos, durante nuestra vida, represiones, lo que explica que nuestra manera de expresión se encuentre bloqueada, impedida turbada, y a menudo reprimida.

La mujer embarazada, antes del parto, sólo puede tener un contacto fantasioso con su niño, sólo puede fantasear su producto de la concepción, y para ver los fantasmas (fantasías), es importante que los ojos funcionen, así pues, aquellas mujeres que desean entrar en contacto con su hijo no deben tener los ojos nublados, oscurecidos.

La vegetoterapia dedica una atención muy especial a éste primer nivel que toca, los ojos y oídos, puesto que es en estos sentidos donde se encuentra bloqueadas las emociones de base de todas las neurosis, entre ellas el miedo.

Tenemos cuatro niveles de miedo y cuatro niveles de presión.

El primer nivel del miedo es el más importante porque es también el más antiguo, es el nivel que fue afectado en el momento de nuestro nacimiento: ojos y oídos. Muchos de nosotros hemos tenido un nacimiento donde la luz y el ruido nos han agredido y condicionado violentamente. Cuando se piensa que el nuevo ser viene a la luz tras haber pasado nueve meses resguardado de estímulos luminosos y que, durante estos meses, sólo recibe sonidos filtrados a través del líquido amniótico, podemos comprender fácilmente la violencia de la agresión que se sufre en el momento de nacer del modo que hoy definen como NORMAL.

No obstante, por todo, es necesario superar este miedo antiguo, archivarlo, alienarlo, es un miedo que pertenece al momento de nuestro nacimiento; nuestra vida es la que vivimos aquí y ahora. El futuro, el porvenir, sólo son hipótesis de expresión, lo único importante, real, es el AQUÍ y el AHORA.

Quisiera insistir en el hecho de que, en la preparación de la mujer embarazada, con la vegetoterapia, se debe empezar por los ojos, que representan el primer nivel, a fin de poner a la mujer de frente a la realidad. Con este trabajo, la mujer podrá darse cuenta de que su fruto no forma parte de su “yo”, sino de su “no yo”: el trabajo con los ojos da al sujeto la posibilidad de la identificación y de la desidentificación. Existen diferentes ejercicios con los ojos, todos son importantes. Al mismo tiempo es importante tomar en consideración los de la boca porque es aquí donde está fijada la situación depresiva de un sujeto; si no se trabaja sobre este nivel (la boca), el recién nacido que llega corre el riesgo de ser visto por la madre como algo que ella posee, que le pertenece, es la buena leche, el buen pecho en términos de Melanie Klein. Sin olvidar que luego, más tarde, el niño vivirá muy mal el tiempo de su destete debido a que no tendrá ninguna gana de perder a un objeto que él ha vivido de manera tan llena, como si fuese parte de sí mismo.

Otro nivel importante, con el fin de preparar a la futura madre, es el tercer nivel, el cuello; el cuello corresponde al nivel del AUTO-CONTROL, los confirman frases como ésta: “perder la cabeza”, “hay que tener la cabeza sobre los hombros”. Todas las personas que se controlan bien tienen siempre rigidez en el cuello.

En el momento del parto es necesario que la mujer sea capaz de dejarse ir, de abandonarse al nacimiento, a ésta creación, y sobre todo de creer en el acto que está realizando.

La situación de control que se sitúa a nivel del cuello está ligada al diafragma. Nuestra educación nos ha llevado a considerar como nobles, todas las partes situadas por arriba del diafragma, mientras todas las partes situadas por debajo están ligadas a algo más o menos ilícito.

Con la respiración, es como se hace funcionar el diafragma. La respiración propuesta por la vegetoterapia no tiene nada en común con la respiración propuesta por la psicoprofilaxis del parto, respiración del todo superficial, como la de un perro, que debiera ayudar al parto, pero que lo cierto es que no aporta la necesaria cantidad de oxígeno al feto.

Al contrario, la respiración de la vegetoterapia que es una respiración profunda, global, total, es una respiración que permite a la energía moverse de arriba a abajo. Cuando se trabaje en vegetoterapia, no hay ritmos impuestos, cada uno de nosotros debe encontrar el propio ritmo y esto es muy importante.

No debemos olvidar que cada uno de nosotros es una individualidad y así pues individualmente tiene su modo de respirar.

Respecto a la respiración, es necesario añadir que no se necesita hacer ninguna pausa entre la respiración y espiración, se puede hacer sólo una pequeña pausa después de la espiración. Quiero también subrayar que cuando el sujeto ha encontrado su propio ritmo, se expresa mejor consigo mismo. Esta respiración está ligada al trabajo con el cuello porque muy a menudo nos damos cuenta de que el masoquismo, que está ligado al diafragma, camina a la par con el narcisismo que encontramos en el cuello. Esto lo encontramos en el caso de quién se “hace la santa” o la “misericorde” lo que le permitirá después decir: “he sufrido mucho cuanto tú naciste...”, “me he sacrificado por ti...” o “lo he hecho sólo por ti”.

Este es el mensaje inconsciente que se ejerce a menudo sobre los hijos. El hecho de que los padres puedan echar en cara a los hijos “los sacrificios”, muestra claramente la ligazón entre masoquismo y narcisismo.

La respiración que nos proponemos en vegetoterapia pone en juego al sexto nivel, o sea el abdomen que a veces se percibe realmente como una muralla.

Actualmente, no he encontrado mejor método para abatir esta muralla que proponer el ejercicio de respiración que imita al gato que sopla: se trata de respirar con la nariz y aspirar igualmente por la nariz mostrando los dientes. Si se respirase de este modo, el impulso de la respiración no tocaría sólo el diafragma sino el sexto nivel, donde está situado normalmente el útero.

Acerca del útero de las mujeres encintas, muy a menudo nos encontramos delante de dos casos ejemplares: o la situación de tetania o espasmo uterino, o sea de las contracciones duraderas y fuertes, o nos encontramos de frente a una situación de inercia total. Estos son los dos extremos, la salud se encuentra sin duda en el medio.

La inercia significa un desinterés. por el acontecimiento que se avecina, mientras la tetania significa por el contrario, que el parto es vivido como un deber. Este deber está ligado a toda la problemática de la pelvis, en el momento en el cual en la mayor parte de los casos nos está impedido sentir esta parte del cuerpo, parte que contiene los genitales. Al trabajar sobre este nivel, proponemos un ejercicio para hacer mover la pelvis, proponemos al sujeto imaginar que tiene una cola y hacer mover esta cola, como los animales cuando manifiestan su deseo sexual. Esto permite sentir la pelvis y a la vez las partes genitales. Es un ejercicio doloroso tanto para mujeres como para hombres; los dolores se localizan en los muslos y las piernas, el lugar donde se bloquean todas las contrariedades debidas a) deber. Ser madre por deber (obligación), ser fuerte por obligación, evitar el placer y sobre todo el placer genital que especialmente la religión considera pecado. Después de esto proponemos al sujeto dar patadas al aire diciendo “NO” para desembarazarse de la autoridad de por encima de nosotros.

La preparación de la madre a la relajación, para la vegetoterapia es de primordial importancia, es una prevención que establece la buena relación entre la madre y el feto. A nivel del útero en sí mismo, este trabajo proporciona una gran elasticidad, con una dilatación natural que, hacia el final del embarazo puede llegar a una dilatación permisiva y un parto feliz.

Si se comienza la preparación muy pronto, esta dilatación natural puede ser percibida desde el octavo mes hasta el noveno mes. Esto es muy importante porque al noveno mes, el útero tiene contracciones espontáneas; son las contracciones que preparan al parto. Son contracciones fisiológicas y con la soltura recibida de la vegetoterapia, se llega al momento del parto con una dilatación y esto reduce notablemente el tiempo del parto. Así ya no son necesarios, justificados, el parto dirigido y todos los otros métodos artificiales, hasta la cesárea. Esto significa que cada parto dura, como mucho, tres, cuatro horas. Si unimos a la vegetoterapia con el parto sin violencia, el recién nacido nace en óptimas condiciones, sin asfixia, sin traumatismo alguno y se evita tener complicaciones.

El problema de las complicaciones en el parto es un problema grave, pesado, para nosotros, para los padres, para la sociedad entera.

Espero vivamente que la preparación al parto de las mujeres encintas con la vegetoterapia se difunda cada día más, porque es una acción social y toda la sociedad se beneficiaría, no es sólo una propuesta científica.

   

   

   

   

   

   

 

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